Houston, TX. —Hay partidos que se sienten largos desde el primer cuarto. No porque falte intención, sino porque el rival te marca el ritmo y te obliga a ir persiguiendo el juego. Eso fue lo que pasó en Houston. Los Cardinals llegaron con ganas de competir, pero los Texans golpearon temprano y pusieron a Arizona en modo supervivencia prácticamente desde el arranque.
El equipo intentó responder, ajustar sobre la marcha, encontrar algo de estabilidad. Hubo chispazos, sí. Momentos donde parecía que se podía acortar la distancia. Pero cada vez que Arizona tomaba aire, Houston encontraba la manera de volver a estirar la ventaja. Así, jugar se vuelve pesado. Mentalmente y físicamente.
Jacoby Brissett enfrentó ese escenario complicado. Terminó el partido con 149 yardas por pase, tres touchdowns y una intercepción. No fue un juego de grandes yardajes, pero sí de efectividad en momentos puntuales. En la zona roja supo capitalizar, mantuvo la calma y siguió lanzando aun cuando el marcador no ayudaba. No escondió el brazo ni la responsabilidad. Simplemente, el contexto fue más grande que el esfuerzo.
Y en medio de la derrota, hubo un nombre que volvió a sobresalir. Trey McBride. Lo suyo ya no es noticia, es costumbre. En Houston firmó otra actuación enorme con 12 recepciones para 134 yardas y dos touchdowns. Cada vez que Arizona necesitaba mover las cadenas, ahí estaba. Cada vez que la jugada se rompía, aparecía como opción segura.

Esos números no vienen de la nada. En la temporada, McBride ya suma 1,071 yardas y 105 recepciones, cifras históricas para un ala cerrada y que lo confirman como el eje del ataque aéreo. No solo recibe mucho, recibe cuando más importa. Con el partido cuesta arriba, con presión, con la defensa encima. Y aun así, responde.
McBride no solo estableció un récord de la NFL para alas cerradas al registrar su decimosexto partido consecutivo con al menos 5 recepciones, sino que también se convirtió en el primer tight end en la historia de la liga con dos temporadas de 100 recepciones.
Sin embargo, para él, los números pasan a segundo plano.
"Dieciséis partidos, ¿y qué?", dijo McBride. "Tenemos que ganar más juegos".
La derrota en Houston duele, no hay cómo maquillarla. El marcador refleja lo que fue el juego. Pero también deja claro quiénes están dando la cara semana tras semana. Brissett manteniendo el orden y compitiendo hasta el final. McBride siendo el punto de apoyo constante, el jugador que no desaparece sin importar el momento.
A veces la temporada se trata menos de ganar y más de identificar quién responde cuando todo se complica. En Houston, esa respuesta volvió a ser clara.












