Cincinnati, OH. âPerder duele, sĂ⊠pero este partido fue de otro nivel. Los Cardinals nunca parecieron tener oportunidad. Los Bengals los dominaron de principio a fin. De esas derrotas que te dejan mirando el marcador y pensando "no habĂa manera", aunque duela aceptarlo.
Los locales fueron mĂĄs consistentes, aprovecharon cada oportunidad y, cuando el juego lo pidiĂł, cerraron la puerta por completo. Los Cardinals intentaron reaccionar, empujaron, pero nunca encontraron ritmo. Otra vez quedĂł claro que aĂșn hay mucho por ajustar y mejorar. Y sĂ, eso pesa. En la aficiĂłn, en el vestidor, en todos los que creen cada domingo.
Sin embargo, y aquĂ vale la pena hacer una pausa, no todo fue oscuro. Incluso en una tarde tan difĂcil, hubo alguien que se negĂł a pasar desapercibido: Trey McBride.

McBride tuvo uno de esos partidos que no se olvidan fĂĄcil. De esos que, aunque vengan en una derrota, se quedan guardados como referencia. El TE de Arizona fue el motor ofensivo, el blanco seguro y la respuesta constante cuando el ataque parecĂa no encontrar aire.
En el partido contra Cincinnati, McBride terminĂł con 10 recepciones, 76 yardas y un touchdown. Pero eso fue solo la punta del iceberg. Con esas jugadas, rompiĂł el rĂ©cord de mĂĄs recepciones en una temporada por un tight end en la historia de la NFL, superando a Zach Ertz. TambiĂ©n estableciĂł la marca de mĂĄs recepciones en una temporada para un jugador de los Cardinals y se convirtiĂł en el primer tight end en la NFL con mĂĄs de 110 recepciones en mĂșltiples temporadas. Cada pase hacia Ă©l parecĂa una decisiĂłn lĂłgica; en tercera oportunidad, ahĂ estaba. Cuando la jugada se rompĂa, tambiĂ©n. Cuando la ofensiva necesitaba avanzar, su nĂșmero volvĂa a aparecer.
No fue casualidad ni suerte. Fue confianza, quĂmica y talento. Del bueno. De ese que se nota incluso desde la grada o frente a la televisiĂłn. Uno pensaba, casi sin quererlo, que si alguien se merecĂa algo mejor esa tarde, era Ă©l.
La derrota duele y el récord no ayuda. Eso es innegable. Pero actuaciones como la de McBride muestran que hay piezas reales para construir, jugadores que no se esconden cuando las cosas van mal y que entienden lo que significa cargar con el equipo.
A veces las temporadas difĂciles sirven justo para eso. Para descubrir quiĂ©n estĂĄ listo para dar el siguiente paso, quiĂ©n responde cuando el entorno aprieta y quiĂ©n no baja la cabeza aunque el panorama no sea favorable.
El resultado ya estå escrito y no se puede cambiar. Lo que sà queda es el mensaje: Trey McBride levantó la mano y dejó claro que puede ser una pieza central en el futuro de los Arizona Cardinals. Y en medio de tanta frustración, pues bien, eso también cuenta.











