El grupo de alas cerradas de los Cardinals se ha convertido en una pieza crucial del plan de juego, complementando el impacto de Jeremiyah Love y ayudando a Jacoby Brissett a mantener una ofensiva eficiente.
McBride es el target principal del equipo, la estadística así lo indica. Trey suma 26 recepciones, tercero en toda la NFL, y se está codeando con jugadores como Chris Olave y Jaxon Smith-Njigba, ambos con 27, en cuanto a recepciones se refiere.
No hay duda de que en situaciones de corto yardaje McBride ha sido un buen complemento para Jacoby Brissett. Contar con un recurso así puede brindarle más oportunidades a los corredores y receptores. Si hay un elemento al cual los equipos suelen ponerle doble cobertura es al número 85, y esa atención también puede generar espacios para el resto de la ofensiva.
A pesar de su producción por aire, McBride no le teme a ensuciarse las manos en el bloqueo para el juego terrestre. Usualmente es parte del personal 13 (un corredor 3 alas cerradas) que Mike LaFleur utiliza para establecer la carrera y mantener a las defensivas en conflicto.
Ese compromiso con el juego físico también es parte de la mentalidad del resto del grupo. Elijah Higgins habló con Darren Urban AZCardinals.com esta semana sobre lo que significa contribuir desde una posición que no siempre se refleja en las estadísticas.
"Si no eres Trey McBride, tienes que hacer el esfuerzo de poner a un jugador en el suelo en cada partido."
La frase de Higgins resume el papel que tienen los otros integrantes de la posición. Con Tip Reiman fuera por lesión, Higgins y Hunter Long han asumido un papel complementario alrededor de McBride, aportando en diferentes facetas para mantener la versatilidad de la ofensiva.
La presencia de múltiples alas cerradas le permite a LaFleur presentar distintas formaciones sin revelar necesariamente cuál será la intención de la jugada. Arizona puede establecer el juego terrestre y, desde una apariencia similar, mantener la posibilidad de atacar por aire.
Ahí es donde Jeremiyah Love comienza a beneficiarse de ese trabajo.
El rookie viene de conseguir su primer partido con más de 100 yardas totales ante San Francisco, terminando con 109 yardas desde la línea de scrimmage. Su capacidad para contribuir tanto por tierra como por aire le da otra dimensión al ataque, pero su producción no depende únicamente de lo que pueda hacer con el balón en sus manos.
Los jugadores que están a su alrededor también son parte de la ecuación.
McBride ha podido observar de cerca el potencial de Love desde el offseason y no ha dudado en expresar su entusiasmo por tenerlo en la ofensiva.
"Es un jugadorazo. Su capacidad para correr rutas y hacer jugadas es impresionante. Estoy muy emocionado de tenerlo de nuestro lado", dijo McBride sobre Love.
El comentario del número 85 refleja la versatilidad que Arizona busca en su ofensiva: mientras Jeremiyah Love puede aportar tanto por tierra como por aire, McBride representa una amenaza constante desde el centro del campo, y Higgins y Long permiten mantener distintas configuraciones dentro de un mismo grupo de personal.
Para Jacoby Brissett, contar con esa variedad representa una ventaja, pues le permite distribuir el balón y mantener a las defensivas en conflicto.
En ese equilibrio, el trabajo colectivo de los tight ends puede ser clave para establecer el juego terrestre y, al mismo tiempo, mantener la eficiencia de la ofensiva por aire. Una misma formación puede presentar múltiples respuestas.











